lunes, 4 de mayo de 2015

El fantasma de los `90

Por Manuel Gvirtz


  Periodista: "Usted viajó a más de 150 km/h y la ley permite 110" - Menem: "Es cierto, pero yo soy el presidente".
Un fantasma recorre Argentina: el fantasma de los noventa. Es año electoral y los candidatos de los diferentes partidos se muestran en los medios haciendo promesas incumplibles y enrostrándose entre ellos los fracasos de las pasadas gestiones.
En particular me interesa analizar los dichos de los candidatos oficialistas relativos a la “vuelta de los noventa”. La década menemista está estrechamente ligada en la mente del electorado a conceptos como pobreza, neoliberalismo, desempleo, privatización, frivolidad, opulencia, Miami, FMI y ajuste.  Ninguno de los candidatos con chances a presidente se declara a favor de medidas tendientes a la vuelta a las condiciones del menemismo, primero porque el electorado las rechazaría si las distinguiera, y segundo porque nadie (ni los temidos grupos económicos) se vería favorecido.
Ajuste es un eufemismo que quiere decir gastar menos y oculta generalmente un perjuicio inmediato en la población más desfavorecida que se ve en menos subsidios, pensiones, jubilaciones, empleos públicos, entre otros. La palabra ajuste nos remite a los peores momentos de la historia económica de todos los países con crisis graves. El solo escuchar esa palabra le trae los peores recuerdos a los griegos, españoles y argentinos, ajuste es desempleo, pobreza y desánimo. Volviendo a la coyuntura Argentina 2015, ¿es verdad que si el próximo gobierno no es kirchnerista va a ajustar? Dicho de otra manera, ¿es posible que el próximo presidente NO ajuste? La siguiente tabla muestra las estadísticas oficiales del total de gastos e ingresos del estado nacional para los primeros tres trimestres del año pasado (los datos del último trimestre 2014 aún no se encuentran disponibles)


El cuadro muestra el resumen de lo que le entra y lo que gasta el estado nacional. El resultado financiero expresa el total de los ingresos menos el total de los egresos del período. Como se puede observar, el déficit es astronómico. Para ponerlo en dimensión son 17.850 millones de dólares (las reservas del país son de 30.000 millones aproximadamente). En 2013 y 2012, estas cifras fueron muy altas también.
Tener déficit no es necesariamente malo, el problema es cuando el déficit es grande, sistemático y repetido. El déficit requiere que el gobierno salga a buscar tapar ese agujero de la manera que sea. En nuestro caso, imprimiendo billetes y haciendo misteriosos acuerdos con países pudientes y multinacionales, y tomando deuda a tasas altas. ¿Es necesariamente mala la deuda? No, depende para qué se tome y a qué tasa. Afortunadamente para el gobierno actual, las consecuencias de la “deuda mala” que está contrayendo la Argentina serán problema del próximo gobierno.
Será ese mismo gobierno quien tenga que decidir cuánto gastar y en qué, asumiendo realidades y costos políticos, y con la pesada herencia de una población acostumbrada a las tarifas subsidiadas. Decidir gastar es una decisión infinitamente más fácil que ahorrar, pero en el mundo de la escasez, este tipo de decisiones son cruciales. En mi mente resuena que un gobierno que quiere gastar menos es un gobierno que no quiere a los pobres, pero ¿es esto necesariamente así? ¿Gastamos la cantidad correcta? ¿Y si el problema no fuera cuánto sino cómo lo gastamos? Más aún, ¿a quién le sacamos? ¿Para darle a quién? ¿Se puede ajustar y reducir la pobreza?
Dicho esto, podemos contestar la pregunta. El próximo gobierno (aunque el mismo Néstor Kirchner se levante de su tumba y gane las elecciones) deberá ajustar. No solo eso: deberá decidir cuánto y qué, y asumir los costos políticos. Caso contrario, deberá venderle su alma al diablo de los noventa (los mercados financieros, los fondos internacionales) a cambio de unos cuantos miles de millones de dólares que tendremos que pagar con mucho esfuerzo en el futuro.

Solo queremos que vuelva nivel X



lunes, 30 de marzo de 2015

¿Por qué hay paro mañana?

Mañana martes no va haber colectivos, trenes, bancos ni estaciones de servicio, entre otros servicios. Los gremios opositores al gobierno mencionan como argumento principal de este paro que el impuesto a las ganancias es cada vez más alto y que el gobierno no tiene intención de bajarlo. Pero, ¿qué es el impuesto a la ganancias?, ¿quiénes y cuántos lo pagan?, ¿recauda mucho el gobierno con él?


 El impuesto a las ganancias

Ganancias es un impuesto que grava tanto los ingresos de las empresas como de las personas. Me voy a enfocar en este último caso que es el que esta en discusión. Las personas que ganan más de $15000 mensuales de salario bruto (aproximadamente $12000 neto) empiezan a pagar impuesto a las ganancias en nuestro país. El porcentaje de sueldo que se quita depende de cuánto se gane: mientras más alto es el sueldo, más alto el porcentaje que se paga. A priori, parece ser un impuesto justo, los más pobres no lo pagan, los de clase media pagan un poco y los más ricos pagan mucho.

Algunos detalles

Se estima que un poco menos del 10% de trabajadores pagan impuesto a las ganancias. Es decir, parece raro que haya tanto problema con un gravamen que afecta a personas con sueldos relativamente altos, de hecho muchos de los trabajadores que mañana van a ir al paro no tienen la suerte de ser alcanzados por este impuesto.




Sin embargo, los gremios se quejan de que el piso para pagar el impuesto es el mismo desde septiembre de 2013. Es decir, una persona que ganaba $11000 pesos en 2013 y ahora pasó a ganar más de $15000 (por los aumentos de inflación, pero que tiene el mismo poder adquisitivo) empezó a pagar el impuesto. Esta es la clave del conflicto: los más pobres dentro del grupo de los que son alcanzados por el impuesto sienten que no ganan tanto como para tener que pagarlo.
Comparado con otros países de la región el impuesto a las ganancias en la Argentina es alto y eso se agravó en los últimos años. En 2001 el salario bruto promedio era de $1000 y se empezaba a pagar con $2000. Hoy es de $12000 y se empieza a pagar con $15000. Por esas épocas menos de medio millón de personas pagaban este impuesto, ahora lo pagan más del doble de personas.

¿Es justo este impuesto?

En mi opinión este es uno de los impuestos más justos que puede tener una sociedad. Me parece mal que se haga un paro por estos motivos ya que hay muchos impuestos que nadie crítica y que perjudican a los pobres mucho más que lo que lo hace el impuesto a las ganancias.
El impuesto en cuestión representa el 22% de los ingresos de la AFIP, menos que el IVA (35%) y que las cargas sociales (27%). Estas últimas dos retenciones son mucho más regresivas (los pobres gastan mayor proporción de su salario en ellos).
Si queremos un país más justo y con menos pobres tiene que haber más impuestos que se parezcan a ganancias y menos IVA. (Y, por supuesto, tiene que haber menos inflación ya que las personas que mantienen mayor proporción de su salario en pesos son los pobres.) Es lógico que algunas personas paren para proteger sus intereses, pero una mirada más profunda nos indica que hay otros motivos más válidos para paralizar a un país entero.

lunes, 16 de marzo de 2015

¿Se viene el billete de 1000?

Una de las primeras cosas que espero que haga el próximo presidente cuando asuma en diciembre es que mande a imprimir nuevos billetes. El billete de 100 pesos argentinos equivale a 11,50 dólares (dólar oficial) e incluso menos (USD7,81) si dividimos por el valor del dólar blue. Es decir, tanta inflación acumulada en los últimos años generó que nuestro billete con mayor poder de compra sirva para muy poco.
 El economista Lucas Llach armó este gráfico en el que se muestra cuantas hamburguesas BigMc se pueden comprar con el billete más grande de cada país (aclaración: en Argentina toma el precio del Cuarto de Libra porque el BigMc tiene un precio controlado).

Unicamente Venezuela nos supera
Los costos de no tener un billete más grande son varios:
Para empezar existe un costo de producción más alto de billetes, más papel, más energía, etc. (esto es de mayor relevancia cuando los gobiernos imprimen mucho, como este).
Segundo, el costo del uso del cajero automático se encarece y muchas veces se quedan sin plata porque no pueden guardar tantos billetes (un cajero automático guarda hasta 8000 billetes, 166 salarios mínimos). Si tuviésemos un billete de $1000 habría que llenar esos cajeros con una frecuencia hasta 10 veces menor.
Pero sin duda el costo más alto es la incomodidad de tener que llevar un gran cantidad de billetes para ciertas transacciones. Y esto no es solo un problema de ricos. Una compra semanal de supermercado puede requerir de varios papelitos con la cara de Roca o Evita. Una persona que va a retirar su sueldo de un cajero automático necesita mucho espacio para llevarlo y esto aumenta las chances de ser robado (el salario mínimo en 1992 era $200 y hoy es $4700)
¿Porque si hay tantas ventajas de tener billetes de más alta denominación no los tenemos? Lamentablemente el gobierno piensa que de hacer esto estaría reconociendo la inflación, pero no se dan cuenta de que sería una medida simple y aplaudida por todos. Peor aun, hace dos semanas presentaron el nuevo billete de 50 pesos y no se hizo referencia alguna a la posibilidad de imprimir un billete mayor. Algunos economistas argumentan que imprimir billetes mas grandes puede aumentar la percepción en la gente de que la moneda se esta devaluando y eso aumentar la inflación. Pero eso es poco probable. 
Falta poco para que tengamos un nuevo billete de mayor denominación. Lo mas difícil de esta decisión sería definir las caras de los nuevos billetes.

La oportunidad que se perdió el kirchnerismo

sábado, 7 de marzo de 2015

El año que se viene

Sin duda que 2015 va a ser muy interesante para hablar de política. En cambio, parece que va a ser un año con pocas novedades en lo que es la economía. Así que no se sorprendan si se encuentran con algún post que sea exclusivamente del primer tema.
Lo que se puede esperar del gobierno en, este, su ultimo año con respecto a la economía es que mantenga todo como está, sin grandes cambios, dejándole muchos problemas al próximo presidente.
El gobierno viene demostrando que su principal prioridad es evitar que la inflación se descontrole. Para lograr esto mantiene estable el precio del dólar oficial, o lo devalúa muy poco en comparación con la inflación. Así evita que suba el precio de las importaciones.

En 4 de los utlimos 5 años el peso se aprecio respecto al dolar
Esta "ancla" al dólar genera varios problemas. Uno de ellos es que cuando todos los precios suben pero el dólar no, las importaciones se abaratan y las empresas e importadores demandan más dólares. Ante esta situación el gobierno debe racionar esta moneda. En caso contrario las reservas, que de por si son pocas, caerían rápidamente. Este racionamiento hace que muchas empresas que necesitan de insumos importados para producir (e incluso para exportar y traer más dólares) tengan que achicar, anular o bajar la calidad de su producción.

También somos más caros para nuestros socios comerciales
Otro problema que se genera por el ancla cambiaria es lo que muchos llaman "atraso cambiario". Esto significa que el precio del dólar esta atrasado, quedó atrás en el tiempo mientras todo lo demás subió. Tarde o temprano ese atraso, ese precio, va a tener que actualizarse. Es decir, el próximo presidente va a tener que devaluar la moneda más que la inflación. Cuanto y como es una incógnita, pero va a tener que ser hecho y eso tiene costo político.

martes, 11 de noviembre de 2014

El desplome del "blue"

Sorprendentemente para muchos, y me incluyo, el dólar “blue” se desplomó en las últimas semanas alrededor de $3, o sea, muchísimo (alrededor de 20%). Bajó de un poco más de $16 a $13 por dólar. Lamentablemente, esto no  está pasando porque hubo cambios en la políticas económicas de fondo (de hecho, la inflación y el déficit siguen siendo muy elevados), sino gracias a otras causas que espero poder explicar.

Los controles no son responsables de esta caída

Antes que nada quiero aclarar algo que se puede leer mucho en los diarios, a saber: “Gracias a los controles, el Gobierno logra bajar el dólar blue”. Esto no tiene sentido ya que, si multás a las cuevas que venden dólares, lo que haces es que haya menos vendedores y que conseguir los billetes sea más difícil. Por lo tanto, se logra que el precio suba y no que baje. En el mejor de los casos, los controles pueden trasmitir miedo a los compradores, bajar la cantidad de compraventas en el mercado blue y mantener el precio que ya existe; no tendría por qué bajar el dólar por la existencia de inspecciones. Prueba de esto es Venezuela, país donde los controles al dólar paralelo son extremos y el precio de su dólar blue es de 15 veces el del dólar oficial (por otros factores también).

Kicillof con Alejandro Vanoli, el nuevo presidente del Banco Central, y un mate.

Se volcaron más dólares en la economía

A través de lo que se conoce como “dólar ahorro” (dólar oficial + 20%, que solo pueden comprar las personas que ganan más de $8800 por mes), el gobierno vendió en las últimas semanas más de USD 500 millones a los ciudadanos a pie. Muchas personas que tienen acceso a este beneficio aprovechan la diferencia que hay entre el precio que pagan por el “dólar ahorro” y el dólar “blue” y venden estos billetes en el mercado paralelo. El gobierno entonces aumenta la oferta de dólares en el mercado paralelo, haciendo así que el precio baje.

El principal problema de este mecanismo es que el país sacrifica muchas reservas por mes y entrega una ganancia fácil a los más ricos.

Se sacaron pesos de la economía

Acá la parte más complicada, pero que muchos coinciden que es la más importante para explicar la caída del dólar. En el ministerio de economía decidieron bajar el ritmo de emisión de pesos. Pero para seguir financiando el déficit del país, decidieron pedir pesos prestados a los ciudadanos. Más precisamente se hizo a través de los que se llama un bono “dólar linked” a dos años. Vos le prestás al gobierno el equivalente en pesos  a 100 dólares oficiales ($850) y el país te devuelve en dos años el equivalente a 106 dólares oficiales ($106 multiplicado por el valor del dólar oficial en ese momento). Esta inversión resulta muy atractiva para los argentinos porque se espera que el próximo gobierno unifique el mercado, acabe con el dólar paralelo y se reciban directamente los dólares.

Repasemos entonces: Hoy tenés 65 dólares en billetes. Los cambias en el mercado paralelo por $850. Se los das a este gobierno y el próximo gobierno te va a devolver 100 dólares. Una ganancia en dos años del 53% en dólares. Nada mal, aunque corres el riesgo de que el próximo gobierno no unifique tan rápidamente el mercado de cambios.
   
La cuestión es que el gobierno sacó con el bono “dólar linked” más de $7500 millones de la economía y se espera que a fin de año sean más de $20000 millones. (Para que se den una idea esto es un poco menos del 10% del déficit financiero total nacional). El gobierno evita así que todas esas personas vayan con sus pesos al mercado paralelo, aumenten la demanda y suban el precio del “blue”.

Al igual que con el dólar ahorro este mecanismo le va a costar mucho pagar a los argentinos en algunos años, nuevamente a costa de otorgar beneficios extraordinarios a los más ricos.

Entonces

A pesar de algunas buenas noticias (las reservas subieron el mes pasado, van a llegar dólares del campo en los últimos meses y algunas otras),  el dólar "blue" no bajó porque el gobierno hizo grandes cambios, sino porque decidió endeudarse.
Cuando un país tiene déficit tiene dos opciones: Emitir o endeudarse. La emisión tiene el problema que puede generar inflación – y de esto sabemos muy bien–, y el endeudamiento tiene el problema de que en algún momento se tiene que pagar. Lo que pasó este último mes es que el gobierno decidió dejar de lado un poco de emisión (ojo, sigue siendo muy alta) para pasar a tener un poco más de endeudamiento.

La base del problema, el déficit, sigue estando, y eso no va a cambiar hasta el próximo gobierno.

jueves, 9 de octubre de 2014

Más que una pasión

Por Francisco Argerich

      Este año, Ángel Di María fue transferido al Manchester United por un total de 75 millones de euros, algo así como 1.029.530.000 pesos. En los últimos balances que se dieron a conocer de los 5 grandes del  fútbol argentino se puede ver que la suma de sus deudas da un total de casi 1.120.840.000 pesos, es decir, casi la misma cifra. Increíble.

Dos tipos de clubes

Las deudas millonarias no son solo de los clubes argentinos. El Barcelona y el Real Madrid adeudan alrededor de 900 millones de euros. Sus números siguen ser muy claros debido a su poca transparencia económica. En España, hace algunos años, se propuso una ley de “Fair Play Financiero” en la que los clubes de primera y segunda división que hayan tenido balances negativos en el último tiempo, se convertirían en Sociedades Anónimas Deportivas (S.A.D.) ¿Qué es una S.A.D.? Se trata de una sociedad de responsabilidad limitada, con fin de lucro, y cuyos dueños lo son a través de títulos o acciones. Al tener responsabilidad limitada, los accionistas no responden con su patrimonio personal, sino únicamente con el capital aportado. A pesar de esto, hay varios casos en los que los dueños si aportan parte de su dinero personal a las arcas del club, sacando una ventaja económica.

A partir de esto, se trató de mejorar la transparencia económica y jurídica de los clubes y abrir la puerta a posibles salidas a la bolsa. Al día de hoy, solo cuatro equipos no son S.A.Ds en España. Sí, adivinaron, ni el Real ni el Barça lo son, tampoco el Bilbao, ni el Osasuna. Estos son considerados Sociedades Deportivas No Mercantiles y tienen permitida la confidencialidad de sus balances a hacienda. Así, se puede explicar como se pudo ocultar  toda la verdadera situación del caso Neymar. También hay muchos negocios con Qatar por parte del Barcelona que no están muy claros. El Real Madrid también está entrando en cercanía al mundo árabe a tal punto de que ya hay una oferta concreta para cambiar el nombre de su estadio a “Abu Dhabi Bernabéu”.

Esta ley sigue siendo muy polémica en España porque la regulación de las S.A.D. no se está haciendo de forma correcta. Se trata de la misma manera a clubes como el Éibar que es un club “chico” y al Valencia que es uno de los grandes del país cuando, cada uno tendría que tener maneras diferentes de manejar su economía. Además, que los dos clubes más importantes y que más dinero mueven del país no estén involucrados en esto genera desconfianza.

Magnates al poder

En los últimos años ocurrió en varias ocasiones que grandes magnates compren clubes. Algunos casos son los de Abramovich con el Chelsea o jeques el Manchester City y el PSG de Francia. Voy a volver al Manchester United y su caso particular. En 2005, Malcom Glazer compró el club a través de un “Leverage buyout”, es decir, comprar una empresa con la ayuda de capital externo para así alcanzar la suma necesaria. Lo hizo por 800 millones de libras, pero más de la mitad  no vino de su bolsillo. Con esto la deuda de Glazer incrementó notablemente.

Simpático hincha con una careta de Malcolm Glazer

Para poder sanear su economía decidió sacar al club a la bolsa de valores, y así, con esos ingresos, poder empezar a pagar intereses y parte de su deuda. Esto no salió como esperaban y Glazer tuvo que desembolsar 220 millones de libras propias. Con el incremento de la deuda, en 2012 decidieron volver a intentar la bolsa. Los resultados fueron increíbles. El nuevo y mejor manejo del club en la mayoría de sus facetas logró su cometido, ganar nuevos accionistas. A partir de entonces, tiene una tasa de crecimiento anual de 10,2% y se convirtió en el tercer club con más ingresos (adivinen detrás de quién: Si, Barcelona y Real Madrid). Siguiendo con sus políticas expansionistas también se volvió el club con más ingresos por patrocinio (tiene 35 patrocinadores).

Socios al poder

Ahora bien, ¿Quién es el multimillonario dueño del equipo blaugrana? ¿Y del Real? Te doy una pista, es mas de uno. Otra, son mas de cien. Son 153.458  y 96.989 respectivamente, se los conoce como socios, y eligen a un representante que será el presidente del club. Pero no por eso se reduce el gran poder que tienen.

Los últimos dos presidentes del Barcelona, Joan Laporta y Sandro Rosell, pueden mostrar esto claramente. En el caso del primero, la negligencia en la gestión deportiva del primer equipo de fútbol (nadie estaba de acuerdo con el despido de Frank Rikjaard por entonces) y de las secciones profesionales, la venta de patrimonio y la publicidad en la camiseta con coste económico (Unicef) sin el permiso de los socios llevó a que se hiciera una moción de censura. Esto consistió en hacer unas elecciones nuevas en las que Laporta no pudiera participar. En el caso del segundo, se forzó su renuncia por todo el ocultamiento de los detalles de la compra de Neymar, malversaciones de dinero y los ya mencionados poco claros contactos con el mundo árabe. Ambos actuaron como si el club fuera una S.A.D., con políticas globalizadoras. Pero la fuerte identidad que tienen los socios con su club no estuvo para nada de acuerdo con esto y lo hicieron saber.  

Florentino Pérez está en su segundo mandato como presidente del Real Madrid. A pesar de sus fuertes tendencias hacia lo comercial y expansionista, es apreciado por los socios. Sin embargo, con las recientes ventas de jugadores (Di María y Xabi Alonso) y  el nuevo contrato de patrocinio con un Banco de los Emiratos Árabes, la gente se mostró enojada. Ninguno está a salvo.

Si digo que el fútbol es un negocio no estoy inventando nada. Hay temor que la llegada de los magnates traigan consigo una desnaturalización del deporte, ya que sus intereses pueden afectar seriamente a los clubes. Acá, en Argentina, los clubes no pueden tener dueños si no que son manejados por representantes elegidos por sus socios. Sin embargo, tuvimos un caso algo parecido como fue el de San Lorenzo con Tinelli. Este vendría ser un caso ideal en el que hay plata invertida desde afuera pero los socios siguen siendo los que manejan el club. Lo que sucede es que cuando los billetes están arriba de la mesa, es difícil no seguir su rumbo.



jueves, 2 de octubre de 2014

Cuando menos es más

(Este post se basa mayoritariamente en los problemas trabajados por el psicólogo norteamericano Barry Schwartz)

Domie Sharpin                 


En el mundo occidental se cree firmemente en que las personas son más felices mientras más libertad tienen. El capitalismo, el sistema económico de esta porción del mundo (y un poco más también), se basa íntegramente en esta filosofía de la libertad individual como herramienta para estructurar la economía: Los individuos, buscando su propio interés y siendo dejados actuar libremente, van a lograr mover los recursos de manera más eficiente que cualquier planificación estatal.
La teoría económica plantea muchos casos en los que esta sentencia no se cumple y gracias a eso los estados/gobiernos fueron ganando poder para intervenir en la economía. Sin embargo, muchos aspectos del capitalismo aún permanecen poco criticados o al menos con una crítica poco difundida.    

                 La paradoja de la elección
Todos creemos que siempre vamos a estar mejor teniendo más opciones entre las que elegir algún bien. Por ejemplo: Supongamos que vamos a una heladería y hay solo helado de chocolate y vainilla y elegimos el primero. Si a la otra semana tenemos disponibles todos los gustos de la heladería, de ninguna manera estamos en una peor situación que antes. Si nos gusta mucho el chocolate lo vamos a reelegir, pero, si preferimos alguno de los gustos nuevos, vamos a cambiar y estaremos más contentos que con el helado de chocolate.
La ecuación parece simple: Más opciones para elegir, mejor vamos a satisfacer nuestros gustos y más felices vamos a ser. La industria entonces se ha concentrado en ofrecer cada vez mayores cantidades de productos, y variedades de estos, para satisfacer mejor la demanda de los ciudadanos. Pero, sin embargo, tener más opciones muchas veces es perjudicial y en muchos casos es sinónimo de una posterior insatisfacción con lo adquirido.

                 No me dejes elegir
En primer lugar, una gran cantidad de opciones nos hacen perder tiempo a la hora de elegir la favorita. Esto se puede multiplicar mientras más complejo o caro sea el producto. Si queremos comprar una notebook nueva, probablemente primero miremos muchos catálogos, vayamos a muchos locales, probemos modelos, preguntemos precios, garantías, etc. No solo tenemos que buscar el mejor producto, sino también la mejor relación calidad/precio y esto nos puede tomar muchísimas horas.
Segundo, la enorme variedad de bienes nos puede llevar en los casos más extremos a, finalmente, no comprar nada. Muchas opciones pueden marearnos hasta el punto de no terminar sabiendo cual es la mejor y así cansarnos y finalmente no elegir ninguna opción. (La académica norteamericana Sheena Iyengar de la Universidad de Columbia demuestra esto en trabajos realizados con chocolates pero también con opciones de planes de ahorro)
Por último, y lo más importante, cuando tomamos una decisión entre una enorme cantidad de opciones terminamos menos satisfechos con nuestra elección que cando hay pocas alternativas. Esto tiene muchas razones, a saber:
Las expectativas que tenemos alrededor de los productos que finalmente compramos se elevan a medida que la cantidad de opciones crece.  Con tantos productos disponibles, el que elijo tiene que ser perfecto, tiene que ser el que cuadre perfectamente con mis gustos. Expectativas más altas son más difíciles de satisfacer y bajan la posibilidad de que tengamos sorpresas positivas.
Además, con tantas opciones, cada vez que elegimos una, dejamos de lado muchas otras. ¿A quién nunca le pasó de ir a un restaurant, recibir un extenso menú con muchas comidas tentadoras, elegir finalmente el plato y a la hora de verlo, o probarlo, lamentarse por no haber pedido otra de las opciones? Muchas posibilidades aumentan lo que los economistas llamamos “costos de oportunidad”, estos son aquellos beneficios que dejamos de lado por hacer lo que hacemos y no otra cosa.
Por último, cuando las opciones son pocas, la responsabilidad de cualquier defecto en el producto es del que ofrece esos productos, es del mundo exterior. Cuando las alternativas son muchas la responsabilidad de que el producto sea perfecto es nuestra porque el producto ideal existe, solo que no lo tengo por haber elegido mal. Es fácil ver que podríamos haber tomado otra decisión y nos castigamos con el arrepentimiento, incluso cuando lo elegido fue bueno o mejor que lo que antes teníamos.
Si bien algunas opciones son mejores que una, muchas posibilidades no siempre son mejores que algunas pocas. Probablemente el producto elegido con muchas opciones sea mejor que el que tenemos con pocas de ellas, pero eso no siempre va a hacer que estemos más contentos con nuestra decisión final.

Para cerrar
Algunas empresas pudieron entender este problema y han reducido su cantidad de opciones al público. Un claro ejemplo es la empresa McDonald´s que, pudiendo producir cientos de tipos de hamburguesas y productos, reduce la cantidad ofrecida a unos pocos combos. Otra empresa que tiene poca variedad de productos es Apple. En el caso de los teléfonos es muy claro: en 8 años (2007-2014) lanzó “solamente” 10 modelos.
Pero estas son excepciones en un mundo donde la extrema competencia y la globalización obligan a la innovación permanente. El psicólogo antes mencionado Barry Schwartz nos da un concejo ante esta situación: Mantengan bajas sus expectativas. No pretendan que lo que elijan va a ser lo mejor, comprendan que es fácil equivocarse con tantas opciones y que es casi imposible que un producto sea mejor que todos los demás en todos sus aspectos.



Hoy te debo el poema, pero te dejo un link de la charla TED de este psicólogo
http://www.ted.com/talks/barry_schwartz_on_the_paradox_of_choice